LO QUE SE NOS OLVIDA

La calle mojada, las veredas habían perdido su tono gris desabrido para darle paso al plomo opaco reluciente de humedad.
El aire frió que me obligaba a esconderme en mi bufanda, la lluvia que caía suave y sin cesar sobre nosotros. Era un recuerdo de invierno a pesar de que nos encontrábamos en pleno verano. Era la mezcla más perfecta que podía estar viviendo, la fecha de relajo más grande, con el escenario más encantador que a mí concierne, ya que soy una fiel amante de este tipo de estaciones.
No podía faltar nada más, el hombre que quería a mi lado, la lluvia golpeando nuestro paraguas, un paisaje increíble, agradecía al sur por sus bondades.
Simplemente era la escena que quería vivir hace tiempo. La lluvia era una excusa para abrazarnos más sobre nuestro único paraguas, para sentirnos más cerca. Pero para hacer de esto algo más atractivo y romántico sólo faltaba una cosa.
Me aventure a la guinda de la torta, esta película era merecedora de una escena más.
Mientras caminábamos calle abajo observando la multitud recorrer esta hermosa ciudad, me detuve a tomar el paraguas y bajarlo, él extrañado y cómplice también se detuvo sin pronunciar palabra. Me quedé observando por un instante como las gotas comenzaban a caer en su rostro y sus ojos se volvían más pequeños por culpa de las chispas que provocaban sus pestañas al encontrarse con la lluvia.
Todo era maravilloso, no faltaba nada más, le sonreí y dije sin pensarlo más “te amo”, comencé a acercarme lentamente para recibir aquel beso infinito, dilucidado por su rostro que también se acercaba a mi suavemente, sin más, siento como su mano se dirige al paraguas, lo toma, y vuelve a taparnos de la lluvia, me mira, sonríe y me dice “yo también te amo”, cerrando la escena con su paso para seguir bajando por la calle humedad.
Yo absorta, confundida y absolutamente frustrada lo seguí con la mirada perdida en el, ahora, maldito color plomo producto de la humedad.
No entendía nada, como podía ser tan desatinado, como no podía entender que era nuestra escena, que éramos la mejor pareja que hollywood se podría desear.
El silencio me comió camino vuelta a la cabaña que nos esperaba acogedora como siempre, nada me importaba, ni las lindas escena, ni el lindo paisaje, ni la cabaña, ni la película que quería vivir en el paraje que nos encontrábamos disfrutando.
Me senté con mi taza de café y mi cajetilla de cigarros a mirar por la ventana del comedor a ver como llovía, como de a poco los vidrios de empañaban por el calor de la bosca.
Y comencé con el análisis de la situación, y después de hacer bastante caldo de cabeza llegue a la conclusión de que maldita sea nuestra fijación de hacer de todo una linda escena para la película de nuestras vidas, obviamente me dirijo al público femenino.
Nuestro empeño porque todo sea como lo soñamos, que las escenas se cumplan al pie de la letra, y el actor que mejor cumpla su rol se gana el oscar. (Y el que no logra seguir el guión, pues entonces ¡que arda Troya!)
Porque siempre es así, queremos que se nos complazca hasta con los diálogos que nos gusta preparar, el que no responde o no dice aquellas frases ya dispuestas por nosotras, nos frustra y desilusiona.
Y la verdad es que se nos olvida algo, algo que yo siempre olvido y si comento aquí es por darme cuenta del error propio, el de esperar de los otros lo que yo quiero que suceda.
La verdad pienso que, aquel pobre hombre que en estos momentos mete ruido en la cocina, no tiene idea de que esto me aproblema, porque él lo tiene claro, somos diferentes, y parece que sólo a mi se me olvida. La verdad es que no me la puedo pasar exigiendo que todo sea como yo quiero, porque por algo me encuentro al lado de este hombre, porque es diferente a mi. Decidimos estar junto por que la unión de ambos hace un complemento, no una cosa homogénea.
Se nos olvida eso, que somos dos géneros distintos, creados para que en su unión se amolden, no para que ambos fueran un espejo.
Siempre decimos “que lata seria estar con alguien igual a mi” pero en estos tiempos pareciéramos que eso andamos buscando, un clon, alguien que tenga nuestros gustos, que reaccione como nosotros reaccionamos, que diga las cosas que nosotros decimos, para que sea, al fin y al cabo, igual que nosotros, porque o si no se crean los conflictos, y realmente así no son las reglas del juego.
La diferencia hace que las personas se unan, hace que en el otro encuentres lo que no tienes, no que encuentres más de lo que ya tienes.
Él no va a reaccionar como yo reacciono porque es diferente, no sólo de carácter y personalidad, si no que va en el simple hecho de ser un género distinto al mió, por ende, con un punto de vista y de vida totalmente desigual y nos juntamos por eso, para complementarlos, no para cambiarlos a uno de los dos lados.
Nosotras nos dedicamos a esto, a soñar con el romanticismo, ellos no, y los amamos por eso, porque si no la historia habría visto de forma totalmente natural que nuestras hormonas llamaran por las mujeres, no por los hombres.
Debemos acordarnos que es eso lo que amamos y buscamos, lo diferente, el hecho que él busque otras cosas y nosotras otras, aunque dentro de un mismo camino.
Debemos dejar de frustrarnos porque las cosas no suceden como nosotras queremos, porque la verdad es que siempre ha sido así, no es nada nuevo, no hay nada que este fallando.
Somos distintos y sólo debemos tratar de mejorar la convivencia y la comprensión entre actitudes.
Así que para la próxima vez que una escena no tenga el final que yo quiero, no debo sentirme como una directora frustrada sin éxito de taquilla.
Lo mió será cine arte, algo que pocos ven, porque es distinto.
Y me repetiré antes de explotar en discusión, “él es distinto a mi, ve las cosas de otro modo, sólo hay que comentarle lo que a mi me gusta o quiero, sólo así entenderé lo que esta sucediendo, y él por lo demás no quedara fuera”
Porque imagino que para ustedes, hombres de este planeta, también debe ser frustrante ver como de la nada nosotras entramos en decepción. No comprenden que para nosotras la escena ya se comenzó a grabar y ustedes también están dentro del reparto.
Es hora de salir de nuevo, nos toca el paseo de las tarde, aun llueve, tomo mis cigarros y mi cartera, y este hombre que tiene claro que somos diferentes, pero que no sabe que yo aun estoy en el colegio para aprender eso, sale antes que yo para abrirme la puerta y esperarme con el paraguas afuera.
Hay veces que no hay q esperar las escenas, las cosas suceden solas……….las escenas improvisadas tienen mejor critica.
