TODOS LOS GATOS SON NEGROS

De nuevo aquí, esperando en la banca de la calle con el hielo de la tarde calándome los huesos, mientras me fumo un cigarro quemando la espera más que el frió de esta extraña primavera.
Hace media hora que debería haber aparecido esta muchacha, quedamos en juntarnos en esta calle de Provi, como todas las semanas para tomarnos nuestro trago-conversado que nos limpia las tensiones y la mente de tantas cosas que nos pasan durante la semana.
Llega cinco minutos luego de haber terminado el cigarro, nos saludamos chocando las mejillas congeladas y partimos a un pub pequeño pero bien adaptado, un lugar poco masivo, donde el bullicio nos permite hablar cómodamente y a su vez pasar desapercibidas nuestras conversaciones de tono generalmente intimo y cómplice.
El mesero no demora en pedir nuestra orden, el tema abunda, no paramos de conversar, se escuchan nuestras risas, suspiros y grititos de emoción, pero nada importa, el ruido colectivo nos disfraza.
La mesa de atrás nos mira, yo lo noto pero mi amiga no, ya que esta de espaldas hacia ellos, dos jóvenes que al igual que nosotras están en son de conversación….bueno realmente eso es lo que tratan de aparentar, pero la verdad es que vienen a ver si tienen suerte esta noche engrupiendose alguna minita, que en este caso, seriamos nosotras.
No tardan en pedir fuego y entre favor y favor nos invitan a sentarnos con ellos, nos damos una mirada rápida y terminamos por aceptar ya que nuestros vasos se habían vaciado. Pero la condición es que ellos vengan a nuestra mesa, ya que el terreno lo marcamos nosotras.
Parecían simpáticos, y hasta el minuto lo eran, preguntas básicas, risas básicas, todo básico y superficial. Sonreíamos estupidamente como muchas hacemos para encantar, ellos se creen el cuento y entran a “cazar”, hablan de si mismos y sus relaciones anteriores que siempre son un desastre.
Mientras uno me habla creyendo que estoy embobada con su historia, no puedo evitar mirarlo y pensar “Pobre Diablo”….me dice que soy muy linda, que mi sonrisa es única y que tengo unos ojos especiales, y mientras pronuncia cada una de esas palabras mi pensamiento crece, casi como si estuviera gritando, pero sé que no escucha gracias a esta sonrisa que sirve de máscara a mis pensamientos.
Pienso, siempre es lo mismos, somos las más bellas, las más estupendas, cautivadoras y simpáticas en las noches. Como que un prototipo de hombre nocturno fuese el que nos hablase. Llego a pensar o me llego a imaginar que esas palabras nacen producto a un gen que ellos tienen, que florece a causa de las condiciones y que por eso terminan diciendo siempre lo mismo. A eso no puedo desviar de mi cabeza ese ejemplo de los gatos, concluyendo que en las noches todos los hombres son negros. Me sorprendo de encontrar siempre la misma situación, prometo que es cierto, y son siempre las mismas palabras con pocas variantes durante casi todos los años que me he encontrado en esto, como si los hombres no evolucionasen o no fuesen más creativos. Pero caigo que de la misma manera que yo pienso que este sujeto que tengo al frente, el cual esta fumándose mis cigarros y yo tomándome su copete, este pensando de la misma manera que yo, quizás este mirándome con mis mismos ojos y piense que soy una “pobre diabla” por caer en este juego absurdo que termina con teléfonos anotados y cero llamadas en el registrador, quizás no sólo los hombres sean negros de noche, quizás nosotras también por actuar de la misma forma y dejarnos caer en el escenario trillado. ¿Seremos entonces todos los hombres y mujeres negros en la noche?
- Disculpa, ¿me puedes repetir tu teléfono?,
- Claro, perdona, es el 9-334857….
